Mi camino
También hubo un momento en el que sentí que la docencia me estaba ganando.
Soy maestro de primaria y llevo más de una década dentro del aula. He trabajado en España y también en Estados Unidos, y esa experiencia me enseñó que no existe una única forma de enseñar, pero sí hay algo que se repite en cualquier contexto: cuando un docente pierde calma, claridad y energía, todo se complica.
Con el tiempo fui formándome en coaching, desarrollo personal y educación consciente. No para llenar mi currículum de títulos, sino porque necesitaba entender algo que casi nunca nos enseñan en la carrera: cómo sostener un aula sin rompernos por dentro.
Nadie nos preparó para la educación de hoy. Pero eso no significa que tengamos que vivirla desde la culpa, el grito o la supervivencia.
De ahí nace mi forma de acompañar: práctica, realista y muy conectada con lo que pasa cada mañana en una clase real. Porque no se trata de convertirte en otro profe. Se trata de recuperar tu manera de enseñar sin perder autoridad, respeto ni bienestar.


